Cómo saber si mi recién nacido tiene hambre: aprende a reconocer sus señales

Cómo saber si mi recién nacido tiene hambre: aprende a reconocer sus señales

Durante los primeros días con un recién nacido, una de las dudas que más se repite es: “¿Cómo sé si tiene hambre?” Y es completamente normal. Al principio parece que el bebé llora, duerme, come y vuelve a llorar sin que una alcance a entender muy bien qué está pasando.

La buena noticia es que los recién nacidos sí tienen una forma de comunicarnos que quieren comer. No pueden decir “mamá, tengo hambre”, pero utilizan pequeños movimientos, sonidos y gestos que, con los días, empezarás a reconocer casi sin pensarlo.

No esperes a que llore

Una de las primeras cosas que conviene saber es que el llanto no suele ser la primera señal de hambre. Cuando un bebé ya está llorando con fuerza, puede estar bastante molesto y le puede costar más tranquilizarse y prenderse al pecho o aceptar el biberón.

Por eso, especialmente durante las primeras semanas, es mucho más útil observar al bebé que mirar constantemente el reloj. La alimentación a demanda consiste justamente en responder a sus señales de hambre, en lugar de esperar una cantidad exacta de horas entre una toma y otra.

Las primeras señales de hambre

Antes de llorar, tu recién nacido puede empezar a mostrar señales bastante sutiles. Algunas de las más frecuentes son:

Se lleva las manos a la boca. Puede comenzar a mover las manos hacia la cara, chuparse los dedos o intentar llevarse el puño a la boca.

Abre y cierra la boca o se relame los labios. Los movimientos de la boca, sacar la lengua, relamerse o hacer pequeños movimientos de succión pueden ser señales de que está buscando alimentarse.

Busca el pecho o el biberón. Si está en brazos, puede girar la cabeza hacia tu pecho y mover la boca buscando dónde prenderse. Esto se conoce como reflejo de búsqueda o enraizamiento.

Empieza a succionar lo que encuentra. Puede intentar succionar sus manos, tu ropa o cualquier cosa que se acerque a su boca.

Se mueve más o comienza a inquietarse. Algunos bebés pasan de estar tranquilos a moverse, hacer pequeños ruidos, estirar los brazos o ponerse más activos antes de empezar a llorar.

Está más despierto y atento. A veces la señal no es un movimiento concreto, sino simplemente que tu bebé comienza a despertarse y a mostrarse más activo.

Estas señales pueden aparecer juntas o por separado. Con el tiempo, probablemente empezarás a reconocer cuáles son las que hace tu bebé específicamente.

¿Y si ya está llorando?

Que tu bebé esté llorando no significa que hayas llegado tarde ni que hayas hecho algo mal. Simplemente significa que probablemente el hambre ya está en una etapa más avanzada.

Si está muy alterado, puedes primero intentar calmarlo con contacto, hablarle suavemente o sostenerlo cerca de ti y luego ofrecerle el pecho o el biberón. Un bebé que está muy angustiado puede tener más dificultades para coordinar la succión y alimentarse tranquilamente.

Y aquí aparece uno de esos aprendizajes de la maternidad que nadie te cuenta: no tienes que interpretar perfectamente cada señal desde el primer día. Tú también estás conociendo a tu bebé.

¿Cada vez que se lleva las manos a la boca significa que tiene hambre?

No necesariamente.

Los recién nacidos tienen un fuerte deseo de succionar y muchas veces llevan sus manos a la boca o succionan para tranquilizarse, no solamente porque tengan hambre. También pueden llorar porque necesitan un cambio de pañal, tienen sueño, necesitan contacto o simplemente están incómodos.

Por eso es útil mirar el conjunto de señales y no una sola. Si además de llevarse las manos a la boca está despierto, busca con la cabeza, abre la boca y hace movimientos de succión, es más probable que esté mostrando señales de hambre.

Con los días aprenderás a distinguirlas mucho mejor.

¿Cómo sé si mi bebé ya está satisfecho?

Así como los bebés tienen señales de hambre, también pueden mostrar que ya están satisfechos.

Puede cerrar la boca, dejar de succionar, relajarse, girar la cabeza o simplemente perder interés en el pecho o el biberón. En la alimentación responsiva, estas señales también son importantes: no se trata solamente de reconocer cuándo quiere comer, sino también de respetar cuándo parece haber terminado.

En el caso de la lactancia materna, además, no siempre podrás saber cuántos mililitros tomó. Por eso hay otras señales que ayudan a evaluar si está recibiendo suficiente leche, como la cantidad de pañales mojados, las deposiciones, la deglución durante las tomas, su comportamiento después de alimentarse y, especialmente, su evolución de peso.

¿Cada cuánto debería comer un recién nacido?

No existe un horario idéntico para todos los recién nacidos. Los bebés sanos y nacidos a término suelen alimentarse a demanda y, durante las primeras semanas, muchos maman alrededor de 8 a 12 veces en 24 horas.

Es completamente posible que algunos días parezca que tu bebé quiere comer muchísimo más seguido. También puede haber períodos en los que haga tomas muy juntas. Esto no significa necesariamente que algo esté mal: los recién nacidos todavía están desarrollando su propio patrón de alimentación.

En lactancia materna, mirar el reloj puede ser menos útil que observar al bebé. Si muestra señales de hambre, puedes ofrecerle alimento aunque no hayan pasado exactamente dos o tres horas desde la última toma.

¿Cómo sé si está tomando suficiente leche?

Esta es otra de las grandes preocupaciones de los primeros días, especialmente cuando estás dando pecho y no puedes ver cuánto está tomando.

Una de las cosas que puedes observar son sus pañales. Durante los primeros días, la cantidad de pañales mojados va aumentando progresivamente. Hacia los días 5 a 7, un recién nacido que está recibiendo suficiente leche suele tener al menos unos 6 pañales mojados al día. El peso también es un indicador fundamental y debe ser controlado durante sus primeros controles pediátricos.

También es buena señal que puedas observar o escuchar que traga durante la lactancia, que el bebé parezca satisfecho después de algunas tomas y que vaya recuperando y aumentando su peso de acuerdo con lo esperado.

Señales que conviene consultar con el pediatra

Aunque cada bebé tiene su propio ritmo, hay situaciones en las que es importante pedir orientación profesional.

Consulta si tu recién nacido tiene muy poco interés en alimentarse, cuesta mucho despertarlo para las tomas, se alimenta muy pocas veces durante el día, parece quedarse con hambre después de prácticamente todas las tomas, no está aumentando de peso como se espera o presenta una cantidad de pañales mojados menor a la esperada.

También es importante consultar si tienes dolor importante durante la lactancia, dificultades constantes para lograr un buen agarre o dudas sobre si tu bebé está recibiendo suficiente leche. Los problemas de alimentación durante las primeras semanas conviene abordarlos pronto, porque una pequeña dificultad puede hacerse más grande si se mantiene en el tiempo.

Una pequeña tranquilidad para terminar

Durante las primeras semanas probablemente vas a mirar a tu bebé y pensar: “¿Será hambre? ¿Será sueño? ¿Será el pañal? ¿O simplemente quiere estar conmigo?”

Y muchas veces no tendrás la respuesta inmediatamente.

No pasa nada.

Con el tiempo vas a empezar a reconocer sus movimientos, sus sonidos y hasta esa pequeña cara que pone justo antes de buscar el pecho. Aprender a leer a tu bebé es un proceso, y no necesitas saber hacerlo perfectamente desde el primer día.

Más que memorizar un horario, intenta observarlo. Tu bebé te irá enseñando sus propias señales.

Un abrazo,
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