Maternidad y redes sociales: cuando compararte también cansa
Nunca en la historia habíamos tenido tanta información sobre maternidad. Y aun así, muchas mamás se sienten cada vez más insuficientes.
Abrimos Instagram buscando una idea, una recomendación o compañía… y terminamos viendo desayunos perfectos, casas impecables, rutinas organizadas, bebés que duermen toda la noche y mamás que parecen llegar a todo (y con ropa blanca impecable).
Y aunque sabemos racionalmente que las redes sociales muestran solo una parte de la realidad, igual cuesta no compararse.
Porque cuando estamos cansadas, inseguras o intentando hacerlo “lo mejor posible”, cualquier contenido puede sentirse como una medida de qué tan bien (o mal) lo estamos haciendo.
El exceso de información también agota
Muchas veces sentimos que tenemos que informarnos sobre todo.
Sueño infantil.
BLW.
Pantallas.
Estimulación.
Lactancia.
Apego.
Límites.
Desarrollo.
Rutinas.
Y de pronto la maternidad deja de sentirse intuitiva y empieza a sentirse como un examen permanente.
Nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información… ni tampoco a tantas opiniones distintas al mismo tiempo.
Un reel dice una cosa.
Otro experto dice lo contrario.
Una mamá asegura que algo le cambió la vida.
Otra dice que eso puede traumatizar a tu hijo.
Y sin darnos cuenta, terminamos viviendo la maternidad intentando no equivocarnos nunca.
La maternidad perfecta no existe
Las redes sociales muchas veces muestran momentos muy lindos de la maternidad. Y está bien. No todo tiene que ser sufrimiento ni caos.
Pero el problema aparece cuando empezamos a pensar que eso debería ser la realidad todo el tiempo.
Porque detrás de muchas fotos lindas también hay:
- noches malas
- cansancio
- peleas
- desorden
- culpa
- estrés
- dudas
Solo que eso no siempre se publica.
Y cuando pasamos mucho tiempo consumiendo maternidades perfectas, es fácil empezar a sentir que nosotras estamos haciendo algo mal.
Compararte constantemente también cansa
A veces el agotamiento no viene solo de criar.
También viene de compararnos todo el tiempo.
Sentir que otra mamá tiene más paciencia.
Que otra disfruta más.
Que otra cocina mejor.
Que otra estimula más a sus hijos.
Que otra logra trabajar, entrenar, descansar y además verse impecable.
Y mientras más intentamos alcanzar esa versión imposible de maternidad, más agotadas terminamos.
Porque la maternidad ya es suficientemente exigente como para además intentar que se vea perfecta.
Elegir qué escuchar también es autocuidado
Con el tiempo, muchas mamás terminan entendiendo algo importante: no toda la información disponible necesita entrar a nuestra cabeza.
A veces también es válido dejar de consumir contenido que nos hace sentir insuficientes.
Silenciar cuentas.
Dejar de compararnos.
Bajar la exigencia.
Porque no necesitamos hacerlo perfecto para hacerlo bien.
Y aunque informarse puede ayudar muchísimo, también es importante dejar espacio para conocernos a nosotras mismas, a nuestros hijos y a nuestra propia forma de maternar.
No existe una única manera correcta de hacer las cosas.
Y probablemente nuestros hijos no necesiten una mamá perfecta. Necesitan una mamá sostenida, acompañada y un poco menos agotada tratando de llegar a estándares imposibles.
Un abrazo,
Equipo Oye Mamá